miércoles 7 de abril de 2010

Hombre de Negro

Fue una tarde novedosa. Habían tantas ganas, espéctativas y deseos de frecuentar ese lugar. Se sentó en el sofá sin prevención. Acudió a la cita. Unos ojos la advirtieron a lo lejos con su largo pelo lascio y rubio. Ella con la mirada puesta en cualquier rincón del universo, balanceaba suavemente una de sus piernas a manera de propulsor. Ella no se había dado cuenta. Pensaba en todo lo que quería hacer. También en las glorias, nunca en los pesares.

La mirada se acercaba. Una sonrisa en su rostro y un apreton de manos, con el otro, precedió a la entrevista. La mirada estaba más cerca de lo que ella nunca se pudo percatar, hasta que la voz un tanto tosca y temblorosa llegó acompañada de una presencia intimidante. Le pidió ponerse en pie. Las lagunas de esos ojos sólo le rozaron, pero 10 años después seguiría siendo de las miradas más profundas e indescifrables que haya podido contemplar.

Lo único que le incomodó en esa voz, fue saberse sentada sobre el gaban negro del tipo "más malacatoso" de la oficina, mientras sostenía una ligera conversación, con algún efímero otro. La voz y la mirada se alejaba mientras acomodaba en sí el negro gabán. Se iba alejando con su deseo marcado en la estela de su soledad y en los acertijos que traería el tiempo.

3 comentarios:

Antara dijo...

Qué bella la plantilla del blog. Qué placer leer tus palabras.

Selenita dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Selenita dijo...
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